
Hoy es el segundo día seguido de tantos en donde los estudiantes, tratando de conseguir una mejor educación, salieron a las calles a marchar pacíficamente y en pro de demostrar el descontento tanto con la legislación actual como la historia de la educación chilena.
Todo lo que hacen, marchas, cacerolazos, manifestaciones culturales, jornadas de reflexión y actividades en donde los estudiantes son el centro del accionar, lo encuentro válido en la sociedad actual democrática en la que vivimos. Pero cuando miro las imágenes y me toca ver cómo, de un momento a otro, una simple marcha se convierte en una batalla de poder entre la fuerza policial y los manifestante, me da mucha pena.
Pena porque finalmente los más dañados con esto somos nosotros mismo, en nuestro autoestima, en nuestro ambiente, nuestra propia convivencia y se provoca un quiebre social entre los bandos en pro y en contra del movimiento. Pena porque simplemente eso le quita la seriedad al asunto, haciendo ver que simplemente son un grupo de niños mimados que quieren algo que quizás ni lo necesitan. Porque empieza la discriminación social, y el agredir el espacio de los que quieren simplemente desplazarse por una tranquila ciudad. Pero los únicos que se benefician con esto son aquellos grupúsculos que desean destruir y atemorizar al resto.
Hoy mismo vi como una manifestante golpeaba a un vándalo por empañar su movimiento estudiantil. Claro está, no midió las consecuencias y gracias a Dios que no pasó a mayores puesto que se retiró sin problema. ¿Y qué hubiese pasado si el resto de los vándalos reaccionaban con violencia atacándola?. No quiero ni imaginarlo.
Por difernetes comentarios en las redes sociales, veo que hay varios bandos al respecto:
- Los que quieren un movimiento limpio y que llegue a puerto, o sea, la mayoría de los estudiantes que se creen el cuento y quieren una mejor educación para todos.
- Los que no les importa nada y que solo quieren destruir, haciendo de nuestras vidas una miserable rueda de penosas imágenes.
- Los que defienden el actuar del gobierno, pensando en que estos niños solo están llorando y que tienen que terminar aceptando su realidad.
- Los que aún están resentidos y justifican todo con la "represión".
Yo realmente no me quiero abanderar con ninguno, ya que creo que cada cual sabe donde le apreta el zapato, pero eso si, seamos conscientes con lo que estamos viviendo y, si queremos esto para nuestro hermoso país, lleno de recursos naturales, parajes que solo en Chile existen, con gente que te reciben con los brazos abiertos cuando eres forastero en su pueblo, y que siempre apoyarán a un hermano en caso de necesidad, entonces dejemos que el lúmpen se apodere del movimiento.
Fuerza muchachos, que si no pueden controlar esto, es mejor que se replieguen al diálogo en una mesa y no en las calles.
¡Cambio y fuera!





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